Finanzas

Diez años de los errores de diciembre

La más reciente crisis financiera sexenal que vivimos en México ocurrió hace exactamente diez años. Pasó ya una década desde los errores de diciembre. Sí, errores, en plural. Lo que ocurrió en aquel fatídico episodio fueron dos yerros garrafales. Uno se gestó antes de diciembre de 1994 y el otro surgió precisamente a partir de aquel momento.

Héctor Amador

Supongamos que un señor borracho y parrandero dilapidó el patrimonio familiar en vino y mujeres. El caballero en cuestión se divirtió de lo lindo, pero llega el momento en que ya no puede pagar la educación de los hijos, ropa y servicios médicos. La casa tiene goteras que no se reparan y el automóvil se descompone continuamente. Además, no ha pagado las tarjetas de crédito, el predial ni la hipoteca. Este hombre llega a vender un terreno de su propiedad y en cuanto recibe el dinero invita a toda la familia a unas fabulosas vacaciones en Las Vegas. Allá se gasta todo lo que recibió y contrae nuevas deudas.

Obviamente, muy irresponsable. El dinero producto de la venta se debió utilizar para saldar deudas (tarjetas, hipoteca y predial) porque de otra forma le embargan lo que le queda; después debió atender otra de las urgencias descritas. Así se manejaron las finanzas nacionales.

En el gobierno de Carlos Salinas se tuvo una oportunidad única para enderezar el caos que dejaron Luis Echeverría y José López Portillo después de gastar todo en una borrachera de populismo que duró 12 años. Desgraciadamente se desperdició y se emplearon criterios miopes, demagógicos y populistas. Cuando se hicieron las privatizaciones de bancos y de Telmex, entre otros, se tuvieron ingresos monetarios irrepetibles y muy elevados.

Lamentablemente, aquellos ingresos, que se recibían una sola vez, porque sólo se pueden vender y cobrar los bienes en una ocasión, se utilizaron para gasto corriente. Es decir, se incorporaron a los egresos del gobierno como si fueran recurrentes.

Igual que el señor que se fue a Las Vegas, se hizo caso omiso de las necesidades y se prefirió el aplauso, gozo, la popularidad, satisfacción momentánea y efímera con la esperanza de obtener la candidatura presidencial.

 

Tesobonos

 

Ahora vemos los problemas que no se atacaron, como las pensiones del ISSSTE y del IMSS. En aquella época, se pudo haber usado el producto de las privatizaciones para crear fondos de reserva para pagar esas jubilaciones y hoy no existiría el problema tan apremiante que se vive. Claro, la mayoría no habría entendido lo visionario y prudente de una decisión así, pero para eso se supone que se contrata en el manejo de las finanzas a gente que debe saber y aconsejar. (Igual está pasando hoy. Legisladores irresponsables quieren gastar los ingresos extraordinarios del petróleo. Son extraordinarios no sólo por su monto sino también porque no sabemos si volverán a repetirse. Si ganamos el Melate una vez no podemos suponer que nos lo vamos a sacar cada semana y programar nuestros gastos correspondientemente. Tenemos que manejar el dinero con prudencia y pensar en el largo plazo aunque no se coseche un aplauso hoy.)

El pasivo crecía y nunca se hizo algo para manejarlo con cautela.

Se inventó en aquella época una forma de deuda del gobierno llamado Tesobono. Al idear ese instrumento, las autoridades en esencia enviaban un mensaje muy sencillo. “La gente no confía en el manejo sensato e inteligente de las finanzas públicas. Por corrupción, ineptitud o desperdicio se devaluó el peso en forma continua desde finales del sexenio de Luis Echeverría. Hoy los inversionistas ven que seguimos igual de mal, pero en lugar de llevarse su dinero y transformarlo en dólares en San Antonio, con lo cual apoyan la economía de otro país, les proponemos que lo dejen acá. Les vendemos Tesobonos denominados en dólares, pero pagaderos en pesos al tipo de cambio del día. En esencia se salva la desconfianza a la moneda local y así al menos se quedan los recursos dentro del país.”

Los tesobonos pagaban una tasa más atractiva que si se dejara en dólares en Houston. Los mexicanos ya conocíamos ese cuento. En época de López Portillo hubo los llamados mex-dólares.

Eran cuentas en dólares que se liquidaban en pesos. Muy parecido a los Tesobonos. Pero aquella vez, cuando a López Portillo le convino, simplemente decretó un tipo de cambio para pagar los mex-dólares y otro para las demás transacciones. En otras palabras, incautó el ahorro de la gente y abusó de su confianza. Por lo tanto, los mexicanos se rieron de los Tesobonos, pues esa película ya la habían visto.

Pero ocurrió algo inesperado. Los fondos de inversión de Estados Unidos, que no vivieron y sufrieron el despojo de los mex-dólares de López Portillo, no conocían la película y le creyeron al gobierno de entonces. Empezaron a traer los ahorros de sus clientes e instituciones (fondos de pensión).

 

Primer error

 

El primer error de diciembre consistió en que irresponsablemente se emitió mayor cantidad de Tesobonos pero a un plazo máximo de 12 meses. Es decir, en menos de un año vencía la deuda en dólares. Los préstamos que recibía el gobierno, para supuestamente financiar el desarrollo del país, se tenían que repagar, en teoría, en menos de un año. Esto era equivalente a que usted saque una hipoteca con su tarjeta de crédito en dólares. ¿Usted estaría dispuesto a arriesgar el patrimonio de su casa con una hipoteca en dólares que tuviera que amortizar en menos de 12 meses?

No hay que ser un doctor en economía para saber que algo así es una estupidez. Nadie en su sano juicio haría semejante disparate en sus finanzas personales, pero por increíble que parezca, los recursos del país se manejaron así.

Cuando se presentaron los asesinatos de Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu se aumentó dramáticamente la emisión de Tesobonos para tratar de calmar el nerviosismo que se percibía. (ver gráfica).

Toma posesión EZP

 

Matan a Colosio

 

Fuente: Banco de México

 

Llegó el momento que no era manejable el problema. Se necesitaba dedicar alrededor del cinco por ciento de lo que generaba la economía para pagar los vencimientos de ese año.

Como los inversionistas en los Tesobonos eran estadounidenses no les interesaba quedarse con los pesos que recibían a su vencimiento. Ellos tomaban los pesos y en las ventanillas de los bancos exigían dólares. Por supuesto que no existía tal cantidad de dólares en las reservas del país, rápidamente se acabaron, con lo cual la devaluación era inevitable.

 

Segundo error

 

Todos hemos visto en las películas de James Bond cuando en la última escena enfrenta al desquiciado mental que quiere destruir al mundo. El agente británico descubre la bomba de tiempo que en su pantalla lleva la cuenta regresiva. Quedan un par de minutos para desactivar el detonante y salvar al mundo. Mientras, el malvado suelta la carcajada y huye.

Ya que no pudo vencer entonces destruirá todo y a su rival. Naturalmente, el espía inglés se concentra, suda una minúscula gota y, hábilmente, identifica que necesita cortar el delgado cable azul y el grueso alambre amarillo. La bomba se detiene cuando en su pantalla marca 007 segundos para la explosión.

Cuando Ernesto Zedillo llegó a la presidencia, al igual que James Bond, descubrió la bomba a punto de volar. Su rival, en la lucha por la candidatura, corría al tiempo que se regocijaba de lo que preparó. Pero a diferencia del espía británico, Zedillo no pudo neutralizar la bomba y jamás supo qué cables cortar. Se produjo la explosión.

Durante el gobierno de Carlos Salinas la gente se endeudó mucho en forma personal. Pidieron hipotecas para comprar sus casas, solicitaron préstamos para ampliar sus negocios y firmaron con sus tarjetas. Todos creyeron el cuento que las finanzas públicas se manejaban con inteligencia.

Cuando vino la devaluación los negocios quebraron y la gente perdió sus empleos. Nadie podía pagar ya los créditos. Las tasas de interés se multiplicaron y al hacerse imposible el repago de préstamos los bancos no pudieron recuperar su dinero y enfrentaban la bancarrota.

Zedillo tenía en aquel momento dos opciones. Una era inyectarle capital a los bancos para ayudarles a enfrentar los quebrantos. Pero al meter capital eso significaba que el gobierno de nuevo se convertía en accionista, socio de los bancos y en muchos casos el dueño.

El trauma ocasionado por López Portillo cuando expropió la banca era demasiado fuerte y reciente. El país sufrió mucho por aquel capricho. Zedillo no se atrevió a regresar a semejante situación. En nuestro vecino del norte, por ejemplo, cuando un banco quiebra normalmente el Federal Deposit Insurance Corporation (FDIC) mete el capital para que los ahorradores no pierdan su dinero.

En este caso, los dueños del banco merman su patrimonio pero el gran público no sufre. El FDIC se dedica a rematar después todos los activos del banco y así recupera el dinero que inyectó como capital al banco. En esta opción, los perjudicados son los dueños de los bancos. Pero así debe de ser porque fueron ellos los que imprudentemente no supieron manejar su negocio.

Si usted tiene una fábrica de tornillos y no sabe cobrar sus cuentas va a quebrar. El gobierno no vendrá en su rescate. Pues igual debió ser con los bancos. Si truenan, el dueño paga su tontería y el gobierno sólo interviene para proteger al público ahorrador que confió su patrimonio al banco.

La otra opción que enfrentaba Zedillo era comprar a los bancos toda la cartera que no podían cobrar y recuperar después lo que se podía. En esta disyuntiva el que llevaba el daño era el gobierno, léase toda la sociedad.

De golpe y porrazo la deuda del gobierno se multiplicó y todos lo vamos a tener que pagar con impuestos y menores niveles de bienestar. Mientras, los dueños de los bancos, felices de la vida, han vendido sus bancos, totalmente saneados, a muy buenos precios sin que su patrimonio se afectara.

Los que pagaron todo fueron los millones de mexicanos que no tienen acceso a educación, salud y la infraestructura que el país requiere.

El segundo error se presentó cuando en diciembre Zedillo prefirió salvar a los banqueros y no a los bancos. Le dio miedo volverse, otra vez, dueño de los bancos y permitir que sufrieran los banqueros, en lugar de millones de mexicanos.

Por eso es que en realidad se cumplen diez años de los errores de diciembre. Errores. En plural.

Hectoramador2005@aol.com

 

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