Gavia de la fortuna

Escaso crecimiento 

Juan Antonio Zúñiga y Méndoza 

Una vez que la transmisión de noticias nuevamente ha recobrado su código de enviar los mensajes en una dirección y entenderlos al revés, como la Century Fox en el país de las maravillas, hay motivos suficientes desde esta gavia para mostrar que en medio de tantos avances económicos esta embarcación continúa encallada apenas unas cuantas millas náuticas adelante de donde partió.

O tal vez sólo ha girado sobre su propio eje, y es por ello que desde esta proa se atisba el mismo embarcadero de donde partió este barco hace ya casi cuatro años.

Seguramente por eso desde los ventanales de los suntuosos camarotes de popa el horizonte se mira con la anchura del mar, que esta tripulación no navegará.

Con menos entusiasmo que en julio de hace cuatro años, millones de personas que participaron en la construcción del navío del cambio, y quienes junto con otros millones más festinaron su botadura en diciembre de 2000, levantan sus brazos, hacen gestos de desencanto, e incluso hacen figuras con los dedos de sus manos parecidas a los caracoles submarinos.

No dan crédito a lo que ven, aunque los noticieros televisivos magnifican sus sonidos y los de la radio desgañitan avances que nadie parece creer. El número de desempleados casi se ha triplicado desde aquellas faenas del "voto útil"; varios miles de emprendedores de pequeños y medianos negocios se han changarrizado, en el mejor de los casos; sus sueños de prósperos empresarios se han trocado por peores pesadillas que las que miran en las espantosas películas de cartelera. Chucky es un muñeco para bebés y las Calles del Infierno parecen ahora un bulevar comparadas con su realidad cotidiana.

Cada año 390 mil personas intentan atravesar el río Bravo como si huyeran de Godzila. Millones de jóvenes se preguntan ¿para qué estudio? Mientras varios miles se la juegan en las escuelas particulares en busca de "buenas relaciones" y varios cientos ingresan a los penales enredados en kafkianos y engorrosos procesos judiciales, que dejan en libertad al mejor pagador de la "justicia".

Mercenarios de todo tipo hacen sus cuentas y sus cuentos en los partidos políticos, en descrédito del oficio que exorciza con sus artes los diferendos. Sobre todo en las grandes ciudades se respira un ambiente opresivo, presionante, exasperante que al no encontrar cauce real, amenaza con romper todo "marco de derecho". Parece mentira que en forma constante se compare el caos que viene con la ley de la selva.

Es frecuente escuchar a los sesudos merolicos de los noticiarios que esto es la "jungla de asfalto". En la selva no se ve ni se siente eso; la sobrevivencia en ellas obliga a acatar normas más eficaces, por ejemplo, al atravesar un río, que para cruzar una calle, basta que un neurótico motorizado se pase un "alto" para poner en riesgo la vida de cualquiera.

En la selva con frecuencia las comunidades construyen puentes para pasar de una orilla a la otra de un río. Tal vez esto sea así porque esos sabelotodo no leyeron "El libro de la selva", del nada revolucionario escritor inglés de origen indio Rudyard Kipling o tampoco entendieron la producción cinematográfica de Walt Disney, que seguramente sí vieron.

Sería verdaderamente un desafío a su inteligencia echar un vistazo a las obras del misterioso Bruno Traven, y ya no digamos acercarse a los hechos sin su ignorancia funesta. Como reza un mensaje de las librerías Gandhi, "lee, se siente bien chistoso".

Salvo raras excepciones, como la de Miguel Angel Granados Chapa y su "Plaza Pública", en Radio UNAM (a las 8:30 de la mañana por el 96.1 de FM); o la de Ricardo Rocha y su muy profesional equipo de reporteros y comentaristas de "Detrás de la Noticia" (103.3 de FM a las 22 horas de lunes a viernes), hay mucho ruido en la radio y también en la televisión. Y el ruido no es el mejor ambiente para el discernimiento y la reflexión del público televidente, radioescucha e, incluso, para el lector de noticias.

Pues bien, en términos macroeconómicos este se perfila como el mejor año del gobierno del cambio. El producto interno bruto crecerá entre 4.3 y 4.5 por ciento respecto a 2003, según los modelos vaticinadores de los principales centros de consultoría del sector privado. Solito con las estrellas, este gaviero calcula un incremento de 3.7 por ciento, con una inflación en ascenso de 4.6 por ciento.

A estas alturas del año también habrán entrado en vigencia las nuevas funciones del Banco de México en su calidad de neo instituto nacional de consumidor, para que los bancos transparenten las tarifas y comisiones que cobran por sus servicios. En esta labor estará respaldado por la nueva procuraduría federal del consumidor, conocida como Conducef (tome aire, 1,2 y 3: Comisión Nacional para la Defensa y Protección de los Usuarios de Servicios Financieros) que atenderá sus quejas y reclamaciones.

Ya embestidos los trabajadores l IMSS y aquellos que no entienden que es más importante cuidar la salud de las finanzas públicas que la de las personas, continuará el bombardeo de los medios electrónicos y afines en la prensa escrita, para ablandar sobre la necesidad de parar esa "bomba de tiempo" que, aseguran, constituyen los "pasivos laborales".

Así, como pregonara san Carlos Salinas de Gortari, les gortari o no, la propuesta presupuestal sometida a la consideración del Honorable Congreso de la Unión por el presidente de la República, Vicente Fox, tratará "hacer más con menos" en beneficio de "los que menos tienen". Presupuesto austero para muchos, espléndido para pocos y embustero para todos.

El financiamiento de las actividades productivas quedará a cargo de los proveedores, porque la banca cumplirá 10 añotes de vivir de los ingresos que la salud pública le quita a los famélicos contribuyentes que, ahora sí, estarán en un nuevo registro de contribuyentes para caerle con "todo el peso de la Ley" a quien no goce de los privilegios legales que, con singular contento, otorga la autoridad fiscal, como precisamente a los bancos. Esto a cuenta del chistosín que tuvo a bien concederles Ernesto Zedillín, claro con el beneplácito del Honorable Congreso de la Unión.

La política agrícola continuará por la senda que conduce a los campesinos a los subsidiados campos estadunidenses. Mientras desde la popa del barco encallado, con los altavoces que apuntan hacia el embarcadero, se escucha decir al marinero: ¡Pero si vamos mejor que nunca!

Desde esta gavia se atisban en el corto horizonte algunas nubecillas de tormentota, pero no son económicas, son políticas. Desde algunos trasatlánticos empezarán a llegar las señales de que el "riesgo país" empezó a deteriorarse a pesar de los buenos resultados financieros. Tal vez porque lo económico y lo político va junto con pegado, el peso de las deudas asumidas por el gobierno federal son demasiado pesadas para desencallar este barco de papel, que no avanza. Se hunde paulatinamente desde hace más de una década, pero en los últimos cuatro años perdió totalmente el fiel de la balanza. Así que sobrevendrán más atropellos a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Astrolabio

Unas líneas en un envase de vidrio llevan un mensaje de felicitación al Gaviero Mayor, Álvaro Mutis, no sólo por la distinción que le hizo el gobierno francés, sino por la esplendidez de su obra, resultado de su fructífera existencia. Este mes también encontrarán en las librerías una novela de Fabrizio Mejía Madrid, titulada "Hombre al Agua", publicada por Joaquín Mortiz.

Se trata de un relato urbano, sobre la ciudad de México, con una narrativa fresca que por su efecto en este lector recuerda las mejores emisiones del inolvidable Jorge Ibargüengoitia. No es caro y es ampliamente recomendable como blindaje contra el bombardeo mediático. Lo encuentran en las sucursales de las librerías El Sótano, Gandhi y del Fondo de Cultura Económica.
Hasta septiembre, si el humor resiste.

 

*Reportero de La Jornada

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