Desarrollo local
En épocas de crisis, con los políticos pensando en el año 2006 y ante la falta de acuerdos nacionales para relanzar la economía, una opción es el desarrollo estatal, es decir, volver los ojos a los estados de la República.
Para lograrlo, un buen comienzo es identificar los sectores económicos tradicionales, precisar su vocación y reactivarlos con el apoyo del gobierno; ofrecer garantías y seguridad jurídica a las empresas, sus dueños y sus trabajadores.
Esto sólo es posible si los gobernantes entienden que el verdadero desarrollo es aquel que tiene objetivo y resultados a largo plazo, pero que también crea más empleos, aquí y ahora.
Porque la creación de empleos bien pagados es la mejor forma de garantizar el presente y el futuro de los mexicanos. Por eso es necesario atraer a los inversionistas con incentivos, buen ambiente de negocios y un gobierno eficiente.
Parte de esa estrategia es aprovechar las tendencias económicas internacionales, como el libre comercio y la industrialización, pero que fortalezca y dinamicen la economía estatal, con respeto a los derechos y forma de vida de sus habitantes.
A estas alturas, debe quedar claro que la explotación de la mano de obra por sí sola dejó de ser negocio. El tiempo de la maquila ya pasó. La alternativa moderna es la formación de recursos humanos y el desarrollo de capacidades científicas y tecnológicas.
Por eso, los gobiernos locales no necesitan que el Congreso de la Unión apruebe una reforma hacendaria, energética o laboral para modernizar sus aparatos administrativos, ser eficientes, transparentes y descentralizar la gestión de gobierno en sus municipios.
Lo que necesitan, en cambio, es el apoyo de sus congresos locales, de legisladores que se aparten de contiendas partidistas y que observen las necesidades de la región.
Un ejemplo de esto es Morelos, donde el gobierno, iniciativa privada, políticos y la sociedad lograron acuerdos tácitos para avanzar. Estos acuerdos hicieron posible que el producto interno bruto Morelos creciera más que la media nacional.
En Morelos existe la convicción, más allá de las diferencias y los recientes escándalos políticos, de avanzar y desarrollar los sectores económicos en el largo plazo -como la ampliación del aeropuerto Mariano Matamoros, el lago de Tequesquitengo- y un renovado impulso a la educación.
Existen muchos proyectos científicos, industriales y turísticos, porque la ubicación geográfica de Morelos en el centro del país y su cercanía con la ciudad de México, convierten al estado en un punto estratégico.
Desde luego que no todo es miel sobre hojuelas. En Morelos, los empresarios, comerciantes y prestadores de servicios señalan que es necesario abatir la tramitología, combatir el ambulantaje y dar más apoyo a la iniciativa privada. Pero también que la inseguridad -como los secuestros- que asoló al estado, está controlada.
El gobierno morelense reconoce que en la tierra de Emiliano Zapata el agro sufre descapitalización, pérdida de rentabilidad y hasta marginación. El siguiente paso es solucionar esos problemas.
Todo esto demuestra que sí se puede, es decir, que es posible sentar las bases para superar los rezagos económicos y sociales, sin esperar los grandes cambios macroeconómicos.
Los editores