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Al cierre de la primera quincena de mayo la cotización de los contratos futuros para la entrega en junio del petróleo ligero de Texas, el de referencia en el mercado de Nueva York, concluyó en 41.38 dólares el barril. Esa es la mayor cifra registrada en 21 años, cuando se creó para ese tipo de crudo el contrato a futuro.
En el mercado londinense, el precio de los contratos futuros para la entrega en junio del petróleo Brent (del Mar del Norte), referencial en Europa, alcanzó los 38.80 dólares el barril. Ese nivel constituye un nuevo récord desde octubre de 1990, unos meses previos a la Guerra del Golfo Pérsico y dos meses después de la invasión de Kuwait por parte de Iraq.
La evolución en los precios del petróleo ha sido objeto de preocupación en los principales centros de poder, ya que su imparable encarecimiento supone una seria amenaza para la estabilidad de la recuperación económica mundial.
El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet, afirmó que el alza del crudo terminaría por afectar la inflación en el viejo continente. En tanto, el nuevo director del Fondo Monetario Internacional (FMI), Rodrigo Rato, también se sumó a esas advertencias al asegurar que dicho incremento podría significar al respecto un recorte del 0.3 por ciento en las estimaciones hechas por la institución multilateral.
Rato dijo que el problema energético tendrá una enorme vigencia en el futuro, debido al imparable aumento del consumo en países con fuerte potencial de desarrollo como China e India.
Los analistas consideran que el despegue en el precio del llamado oro negro obedece a los temores que provoca en los mercados el bajo nivel de las reservas almacenadas en Estados Unidos, así como la creciente tensión en el Medio Oriente.
En opinión de expertos, el temor al desabastecimiento de combustible ahora que se acerca el verano en el país norteño, la época de mayor consumo, mantiene en estado de máxima alerta a los inversionistas.
La escalada de la violencia en el Medio Oriente causó una fuerte racha alcista del crudo a finales de los años 90, cuando las perspectivas de una confrontación armada hacían temer recortes en la producción a escala internacional. Por ello, la atención de los analistas se ha situado en esa convulsa región, particularmente en la situación en Iraq y en el atentado perpetrado recientemente contra una refinería de Exxon-Mobil en Arabia Saudita.
Por otra parte, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) ha reiterado que el alza de los precios se debe a factores que escapan a su control.
A juicios de los expertos, el mercado conducido por el miedo ante los atentados potenciales en Arabia Saudita y en Iraq y las inquietudes que generan el bajo nivel de las existencias en Estados Unidos pueden hacer peligrar la rehabilitación económica.
La alarma también se ha activado en los países consumidores en vías de desarrollo, los cuales ven cómo los exorbitantes precios amenazan seriamente sus escasos recursos.
Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua, entre otros, solicitaron a la OPEP que cumpla con el margen de fluctuación de entre 22 y 28 dólares por barril aprobado por el cártel.
“No es posible que para comprar un barril de petróleo tengamos que producir tres quintales de café”, señaló el presidente guatemalteco, Oscar Berger.
Entretanto, el director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Claude Mandil, corroboró que un aumento duradero del crudo, es decir, de alrededor de un año, y que represente unos 10 dólares por barril, trae consigo una reducción de 0.5 por ciento del crecimiento mundial.
Sin embargo, muchos analistas se esfuerzan en justificar que la expresión “conmoción petrolera”, que recuerda el espectro de la década de los 70, es un tanto exagerada, ya que no está dada por un factor ajeno al sector.
* Periodista de la Redacción Económica de Prensa Latina.
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