Parábola de la rana y la BMV
Con el incremento de la participación de los fondos para el retiro en el mercado de renta variable, la Bolsa Mexicana de Valores podría tomar un nuevo respiro luego de la recompra de títulos por parte de emisoras como BBVA-Bancomer y Apasco
Héctor Amador*

En un experimento científico a una rana se le introdujo en un balde con agua hirviendo y en cuanto sintió el líquido caliente de inmediato brincó para salir del recipiente. El batracio rápidamente reaccionó al peligro que sintió. En cambio, cuando al animal se le metió en un depósito con agua fría y ésta fue lentamente calentada, entonces no respondió y se quedó tranquilamente sentada; por lo tanto, nunca entendió que el agua llegó al punto de ebullición y para ese momento la pobre ya era caldo de rana.

Todos conocemos a personas o instituciones que no estuvieron pendientes de los cambios que se producían gradualmente en su entorno, y tal descuido trajo consecuencias fatales. De hecho, el libro ¿Dónde quedó mi queso? de Spencer Johnson nos resalta la importancia de “leer” las señales que se producen a nuestro alrededor, en lo personal y corporativo, para adaptarnos al cambio y no ser arrollados o “cocidos”.

De tal manera, vemos por ejemplo que la Bolsa Mexicana de Valores en los últimos diez años ha tenido un desempeño fatal. Su valor de capitalización, es decir la suma de lo que valen las empresas emisoras inscritas, disminuyó en términos de dólares 7 por ciento (gráfica 1).



Gráfica 1

Tal vez alguien podría pensar que esto sería normal después de lo que atravesó la economía mexicana en ese lapso llamado “error de diciembre” y la recesión. Sin embargo, cuando nos damos cuenta de que el PIB en dicho periodo tuvo un desempeño positivo y creció 55 por ciento (gráfica 2) empezamos a cuantificar el problema que tiene la Bolsa. Una pérdida en la importancia relativa dentro del contexto de toda la economía nacional (gráfica 3).


Gráfica 2 | Grafica 3


Sin duda, alguien podría responder que el tamaño de la Bolsa no le preocupa, ya que no tiene nada que ver porque nunca ha invertido un centavo. Sin embargo, resulta que la Bolsa cuando funciona y se le apoya debidamente puede ser una importante palanca para el desarrollo. Las empresas acuden al mercado de capitales para allegarse recursos con los cuales financian las expansiones de sus negocios.

Gracias a estas ampliaciones son capaces de contratar a gente que a su vez se vuelve un consumidor activo y con ello dinamizan la economía. Es decir, la Bolsa es un buen conductor para proveer a las empresas de dinero para desarrollarse y así crear empleos.

Por lo tanto, aquel individuo que finge indiferencia hacia la Bolsa no se ha dado cuenta que tal vez trabaje en una empresa cuyas acciones cotizan en la Bolsa y a la mejor su empleo fue creado gracias a un crecimiento que se logró con recursos de la Bolsa.

Cuando un mercado de valores, como el caso mexicano en la última década no aumenta al menos a la par de la economía, entonces lo que significa es que cada vez un número menor de corporativos hacen uso de ella. Inclusive hubo empresas, ya inscritas, que se salieron. Hechos recientes y significativos, de los últimos dos años, son Pepsi-Gemex que valía alrededor de 850 millones de dólares, Grupo Financiero Bancomer, con una cotización cercana a 10 mil millones de dólares, o la cementera Apasco, con aproximadamente 2 mil 400 millones de dólares.

En muchos otros casos no llegan a deslistarse (así se le dice cuando una emisora deja de cotizar públicamente), pero tienen importantes programas de recompra. Lo anterior significa que la propia administración del negocio adquiere de nuevo, ocasionalmente, sus valores y por ley se lo tiene que avisar al público.

Según un reporte publicado por IXE Casa de Bolsa, en los tres meses comprendidos entre febrero y abril del 2004, 4.7 por ciento de las acciones que se intercambiaron en esos 90 días fueron las mismas empresas las que las compraron de nuevo (ver tabla).

Cuando una empresa decide deslistarse o lanzar un agresivo programa de recompra de sus acciones, en esencia envía un mensaje muy claro. Lo que juzgan los ejecutivos del consorcio es que el mercado no tasa adecuadamente el negocio. Con los resultados presentes y las perspectivas que se tienen, el precio de la acción no refleja correctamente el valor de la emisora.

Por lo tanto, si hay dinero disponible lo mejor es aprovechar el error que los inversionistas cometen. Los administradores de la entidad deciden recomprar sus acciones, ya que las consideran muy baratas y por debajo de su precio real.

De que un tercero se lleve un regalo a que la sociedad mercantil se beneficie, pues deciden ellos mismos tomar ventaja de la falta de visión de los inversionistas.

Cuando este tipo de distorsiones ocurren momentáneamente es normal, pero cuando llevan años y existen casos en que la mayoría de las operaciones con una acción son por la recompra que hace la administración, entonces tenemos que preocuparnos porque la Bolsa dejó de funcionar.

Las corporaciones inscritas se retiran paulatinamente y las que quisieran participar se dan cuenta de la situación tan crítica y que no hay inversionistas. Entonces, cuando una sociedad necesita dinero para continuar su expansión y no puede ingresar en la Bolsa, como ha sido el caso en México durante los últimos años, tiene que buscar nuevas alternativas.

Capital privado


Una solución es vender toda la operación a otro inversionista que sí tenga los recursos para continuar con los planes de crecimiento. Otra opción es el capital privado, hay fondos especializados en invertir en negocios que no están en la Bolsa.

Los fondos compran un porcentaje importante del establecimiento y se convierten en socios, recursos que se conocen como capital privado. La compañía se hace del capital que requiere pero la administración vieja continúa con el control. La idea es que el fondo que inyectó el dinero después de unos años (normalmente se fija un plazo de cinco años) venderá su participación.

La venta puede ser a través de la Bolsa, si es que el mercado está disponible, a los propios socios originales o se busca a nuevos inversionistas. Este tipo de soluciones ha sido muy frecuente en nuestro país en los últimos años por la trágica situación de falta de inversionistas en la Bolsa.

Como la rana, la temperatura subía lentamente y la Bolsa no reaccionaba. Las señales eran bastante claras, se enfrentaba una muerte lenta pero segura, no había demanda por acciones. Faltaban inversionistas.

Sin embargo, a principios de mayo pasado se decidió dar un gigantesco paso en la dirección correcta y se autorizó que las Afores inviertan hasta 15 por ciento de sus recursos —cerca de seis mil millones de dólares— en el mercado de renta variable.

Se estima que podrá empezar a ocurrir a partir de diciembre del 2004. Por ahora se recaba la anuencia de los afiliados a las Afores para destinar esa porción a renta fija.

Desde luego es aconsejable que todos den su acuerdo. El rendimiento seguramente llegará a ser muy atractivo, lo cual redundará en una pensión más holgada.

Se democratiza el mercado de capitales y ya no habrá necesidad de tener grandes recursos y conocimientos para participar. Ahora, alguien de salario mínimo podrá tener beneficios como aquel que invierte miles de pesos.

En una primera instancia la inversión sólo podrá ser en canastas que semejen al índice de la Bolsa. El índice se compone de varias acciones, en este momento 33 diferentes, cada una con distinta ponderación de acuerdo con su tamaño de capitalización y valor de operaciones en el total de la Bolsa.

El índice, analizado a lo largo de varios años, refleja también la crítica situación prevaleciente. Apenas con el alza que se experimentó a principios de año se alcanzó de nuevo el mismo nivel, tanto en dólares como en pesos descontados de inflación, que se tuvo hace diez años. Pero posiblemente hacia delante veremos que siga subiendo y retome el camino en el que se estancó hace una década.

De tal forma, en la etapa de arranque, las emisoras beneficiadas son las más grandes. Esperemos que al correr del tiempo y, que se vean los buenos resultados, la inversión se amplíe a más emisoras aunque no sean las de mayor tamaño pero que sí sean sólidas y con buenas perspectivas.

Todo esto traerá beneficios porque las emisoras que ya están listadas podrán vender más acciones y con ello obtener recursos y financiar ampliaciones o pagar deuda. Otras empresas aún no inscritas se podrán animar a participar, ya que la demanda por acciones se fortalecerá. La economía podrá crecer porque un gran cuello de botella se abrirá y resuelto la falta de capital para expandirse.

Se ingresa a un círculo virtuoso, mayor demanda por papel, más recursos para crecer, más empleos, más ingresos, más demanda por papel para invertir.

Afortunadamente, la Bolsa no se confió como la rana y brincó justo en el momento que el agua llegaba a la ebullición.

* Economista egresado del ITAM